The Sting-Rays
21 de Agosto de 2008Eighties - I’m living in the Eighties
Eighties - I have to push, I prostitute myself
Eighties - I saw the whole world getting anxious
Eighties - I saw the worlds begin to march
And we sang
In these EightiesKilling Joke - Eighties
Hoy, queridos lectores, les voy a hablar de una de esas joyas absolutamente infravaloradas de esa década tan recurrente, capaz de lo mejor y de lo peor: los manidos años 80. Y digo manidos porque un sector mayoritario de la población liderado por cuarentones sabihondos y chavalotes con ganas de aprender lo mínimo para quedar como señores entre sus pánfilos contertulios, siempre rescatan a los mismos. Pongamos un ejemplo: no me digan que no han escuchado en boca de más de uno alabanzas hacia Gang of Four y demás formaciones chirriantes que cuatro plumillas han adjudicado como referencia al nuevo post-punk bailongo del que media humanidad bienpensante ya está hasta las gónadas. Y esto únicamente referente a lo underground, que con el mainstream mejor no nos metemos por si nos salen sarpullidos.
Pues bien, lo cierto es que entre tanta laca, one hit wonders y demás estandartes del sonido ochentero como Dios manda (sí, ése de percusiones que parecen truenos, empalagosos sintetizadores, sentidas vocecillas de falsete y repetición de esquemas hasta la náusea) hay una auténtica barbaridad de bandas verdaderamente fascinantes que da gusto conocer y re-conocer, como es el caso. Gente que mezclaba sin despeinarse muchos de los estilos vigentes pero también esquemas de otras décadas, valiéndose de una situación posmoderna conseguida gracias a la maravillosa brecha que abrió el punk. Grupetes olvidados y sepultados de manera indignante, mientras que mediocridades infames como los Boomtown Rats de turno disfrutaban de cierta notoriedad.
Y aquí tenemos a esta humilde banda de nueva ola-garage con marcados toques rockabilly/psychobilly llamada Sting-Rays: unos muchachos del norte de Inglaterra que figuran esporádicamente en alguna recopilacioncilla de género, que telonearon a gente como los Cramps en sus giras por Europa y que gracias a Dios fueron auspiciados y rescatados por el sello Big Beat. Les adjunto unos cuantos temazos para que ustedes mismos saquen alguna conclusión.
The Sting-Rays: Selección de cuatro temas por El Señor Rata.
Si Behind the Beyond no es un hit en potencia que me aspen delante de todos; si con esa fabulosa mezcolanza que es Don’t Break Down no son capaces de sentir la necesidad de aullar moviendo el esqueleto; si las guitarras, a medio camino entre lo punzante y lo onírico, como si de un Tom Verlaine algo acelerado se tratase, de Tear Them Apart tampoco les convencen y si su I Want My Woman en directo está lejos de despertar su lado más cavernícola y berreante, entonces es que ustedes son de otro planeta distinto al mío. No se preocupen, no es óbice para no continuar saludándonos esporádicamente.
Y con esta labor de pura justicia musico-arqueológica se despide el roedor más miserable y amoral de la blogosfera, no sin antes instarles a que escarven y desentierren aun en las peores ciénagas y barrizales, que es donde se encuentran los huesos más sabrosos, los que se roen con el mayor de los deleites con la satisfacción del trabajo bien hecho.













El resto de las películas, de unos 20-30 minutos cada una, siguen esa tónica de humor estrafalario en situaciones deliciosamente descabelladas, todo ello haciendo uso de unos efectos visuales absolutamente impresionantes y aderezado por música de piano en vivo. Y todas ellas pertenecientes a la segunda mitad de los años 20, dado que a pesar de que su carrera en la animación comenzase alrededor de 1915, Bowers frecuentaba más los cafés que el estudio y fue incialmente expulsado de la industria que décadas después se rendiría a su talento. Tampoco el público del momento respondió demasiado bien a sus descabelladas propuestas, salvo el ya mencionado grupúsculo de intelectuales europeos.


